“Soy importante”, le dijo la página al libro. Y éste le estampó una sonora carcajada, y exhibió su grueso volumen de acordeón. Humillada, aquel día, la página se descuajó del lomo y se perdió para siempre.
Quien encontró aquél libro incunable, polvoriento, en el sótano de la biblioteca fue un sabio, que al leerlo no entendió nada.
Quien encontró aquél libro incunable, polvoriento, en el sótano de la biblioteca fue un sabio, que al leerlo no entendió nada.
para Celia
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